martes, 2 de julio de 2013

UN AMOR EN MI VENTANA

 
 Un tímido amor, llega una mañana a mi ventana, golpea suavemente en el cristal, lo escucho y lo miro, pero ninguno de los dos dice nada.

 Un tímido amor, llega de nuevo en la noche a mi ventana, golpea con sus alas blancas en el cristal, lo escucho... lo miro... y en el silencio de la noche estrellada, lo invito a pasar. El permanece quieto, me mira y me sonríe tímidamente, pero no dice nada.

  Yo le pregunto:
 ¿Qué te trae por aquí?
 Pero él se queda quieto, de nuevo me mira y no dice nada.
 Nuevamente le pregunto acercándome a él:
 ¿Qué te trae por mi casa?
 Pero él no responde... me sonríe da media vuelta y se marcha.
 
No quiero dejarlo ir, ¡no!, no quiero que se vaya... Es tan pequeño e indefenso, que en la oscuridad de la noche se puede perder y si se pierde, quizás no sepa volver.
¡No!, no quiero que se vaya...
Lo llamo y le grito:
¡Quédate, no te vayas!
Pero él no responde, no dice nada, da media vuelta y se marcha.

Pero llega de nuevo en la mañana volando con sus alas blancas y se posa otra vez en mi ventana.

Qué tímido amor que llega volando hasta mi ventana... que mi corazón ofusca... que mi alma embriaga...

Qué extraño amor que todo lo confunde y no confunde nada... qué extraño amor que todo lo sabe y no sabe nada...

Qué misterioso amor que me enseña a vivir para después enseñarme a morir...
Qué tímido amor, extraño y misterioso, qué indeciso amor...
 
Por María Celeste Orjales Prado.