lunes, 18 de noviembre de 2013

El silencio, el mar, el recuerdo...

 Escapando del ruídoso y cansino mundo, mi barca en la playa he barado, buscando refugio en su paz y abrazándome a la soledad.

Intento gritar y el llanto desvanece mi grito que se quiebra en mi garganta y entonces, todo es cubierto por el silencio, silencio que rasga el alma.

Silencio que me acompaña con su extraño acento que trae en sus ya viejos bolsillos recuerdos de viejos momentos que vienen desde muy lejos.

Y es en esa lejanía del recuerdo y del momento donde descubro la fría distancia, distancia que crece con el paso del tiempo.

Esos recuerdos enmudecen el alma y mientras enmudece, nuevos recuerdos llegan y alguna que otra esperanza que a la espuma del mar lanzo y observo como se marchan.




Por María Celeste Orjales Prado. (18/Noviembre/2013)


                                                     


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